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Psexoanálisis (1968)

Director: Héctor Olivera

País: Argentina

Género: Comedia satírica, parodia, cine erótico de época

Estética

Pop, kitsch, deliberadamente provocadora.
La puesta en escena apuesta al color, al exceso y a la caricatura.
No busca realismo ni sutileza: exagera gestos, cuerpos y situaciones.
La estética acompaña la burla, no la reflexión.
Todo está diseñado para escandalizar y divertir, no para cuidar sensibilidades.

Guion

La película funciona como una parodia del auge del psicoanálisis en la Buenos Aires de los años 60, mezclando sexualidad, terapia y poder en clave de humor grotesco.

El relato no pretende coherencia ética ni psicológica.
Utiliza situaciones extremas como recurso cómico, sin problematizarlas ni cuestionarlas.
El psicoanálisis es tratado como farsa, pero también como excusa para exhibir relaciones de dominación y abuso normalizadas por la época.

Personajes

Diversos personajes arquetípicos vinculados al psicoanálisis, la sexualidad y la autoridad

Aparición breve: Dalila Puzzovio

Ritmo

Irregular, episódico, más cercano a una sucesión de sketches que a una narración clásica.
El ritmo prioriza el impacto inmediato sobre la construcción dramática.
Las escenas avanzan sin consecuencias internas:
lo que ocurre no deja huella dentro del propio film.

Mensaje

No hay un mensaje moral en sentido clásico.
La película no condena ni reflexiona: se burla.

Desde una mirada actual, el film contiene una larga lista de elementos hoy claramente censurables:

Representación de relaciones sexuales con menores

Prácticas ilegales de la medicina y usurpación de títulos

Abuso de poder y de posición por temor reverencial

Violencia de género tratada con ligereza

Representación de la homosexualidad como enfermedad o desviación

Nada de esto es cuestionado dentro del relato.
Forma parte del “chiste”, lo que hoy vuelve a la película profundamente problemática.

Originalidad

Su originalidad no reside en la calidad cinematográfica,
sino en ser un documento brutal de época.
Un ejemplo de cómo el humor, la sexualidad y el poder podían representarse sin filtros,
antes de que existiera una conciencia social sobre sus implicancias éticas.

Es una película que hoy no podría hacerse,
y justamente por eso resulta reveladora.

Opinión personal

Psexoanálisis es una película difícil de ver hoy sin incomodidad.
No solo por su tono burlesco,
sino porque normaliza situaciones que hoy reconocemos como abuso, violencia y discriminación.

No propone crítica ni distancia:
expone sin pudor una mentalidad donde el poder masculino, la autoridad médica y la sexualidad se ejercen sin límites ni responsabilidad.

Como obra cinematográfica es irregular y torpe.
Como documento cultural, es perturbador.

No interpela por lo que dice,
sino por todo lo que deja pasar sin cuestionar.

Verla hoy no genera risa:
genera la necesidad de pensar cuánto —y cómo— cambió nuestra mirada,
y cuánto costó ese cambio.